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INFORME ESPECIAL VIII

 

 

EL TAUNUS DE DIOS

 

"Diego, Lalo y el Turco, los tres Maradona, en un reportaje mano a mano con Olé. Los regalos con la primera plata del 10, la publicidad del café, el golazo a los ingleses, las ganas de trabajar juntos... Imperdible.

Detrás de la mesa larga del living del ya mítico chalet de Villa Devoto habla la ya mítica Doña Tota. Ella, siempre lejos de las notas, se mete sólo porque la escuchan sus hijos. "Hay una anécdota que no se conoce y que nos divierte mucho. Lalo y el Turco no habían nacido. Y Diego, a pesar de que recién tenía 11 meses, caminaba. Una tarde, en Fiorito, tuvo la desgracia de caerse en un pozo ciego. Yo estaba sola y ni me di cuenta hasta que escuché el grito. ¡Cuando me acerqué estaba tapado de caca hasta arriba de la cintura! Gracias a Dios apareció mi vecino Polvorita y me ayudó a sacarlo antes de que se hundiera del todo". Los que explotan de la risa son nenes de 44 años (Diego Armando), 38 (Raúl) y 36 (Hugo). Maradona no hay uno solo.

 



"En Fiorito, mis papás se mataban para que no faltara el pan. Pero éramos una banda, así que mucho no sobraba... Yo recuerdo que cuando nos mudamos, Diego agarró su primera plata y nos llevó a recorrer todas las jugueterías del barrio para comprarnos regalos, zapatillas, bicicletas. El quería darnos lo que no habíamos tenido de más chicos. Como cuando fue a su primera gira y me trajo mis primeros botines como tres números más grandes. Me puse más pares de medias y los usé igual", cuenta Lalo, que es padrino de Dalma y después de 10 años en Canadá se reinstaló hace tres en la Argentina. El Turco, que tiene el mismo lazo pero con Gianinna, dice: "Diego le compró el chalet a mis papás para que entremos todos. El siempre fue mi ejemplo. Me enseñó todo: desde pelear una pelota hasta criar a mis hijos". El Maradona más famoso, raro en una nota, ahora sólo escucha... "Yo siempre me quise sentir amigo de mis hermanos, compinche", aclara cuando pasa ese instante silencioso. Y ahí recuerdan las épocas de cazador...

"No sabés lo bien que caza este muchacho —cuenta Lalo mirando a Diego—. Tiene tanta puntería con las armas como con la pelota. A lo único que le gano es al tenis". La risa orgullosa de Diego se corta cuando el Turco refresca la anécdota del día en que fueron de modelos... "Hicimos una sola publicidad juntos. Una vez, los japoneses lo contrataron para que sea la imagen de un café frío, y él nos eligió a nosotros. Me acuerdo de que se filmó en La Rioja, teníamos que jugar a la pelota entre las piedras. Todos los días debíamos viajar en el helicóptero que nos prestaba el gobernador Menem hasta la montaña y hacer malabarismos con una número cinco". Como si fuera un juego, cada palabra parece disparador para una anécdota. ¿Malabarismo? El Lalo agarra la posta: "Una tarde, en Nápoles, se acercó un malabarista húngaro que decía tener un récord de 60.000 jueguitos. Diego lo encaró y le preguntó: ''¿Y cuántos partidos jugaste en la selección de tu país?''. El húngaro le respondió ''ninguno''. Ahí nomás lo mandó a tomar la sopa, je. Cuento esto porque papá se agarraba una bronca bárbara cuando en Inferiores algunos envidiosos le decían malabarista a Diego y lo comparaban con los que hacían jueguito en los concursos de Coca Cola".

No tuvieron la chance de jugar juntos de manera oficial. El año en el que Diego se consolidó, Lalo se daba el gusto de jugar para Boca un partido de Libertadores frente a River en el Monumental (Diego nunca jugó la Copa) y el Turco pasaba de promesa a realidad luego de brillar en la Selección Sub 16 con Fernando Redondo y ese equipo de chicos fantásticos. "Hubiera sido el anhelo de todos", cuentan y se conforman con los cuatro amistosos en los que se pusieron la misma camiseta. "El primero fue cuando yo firmé para el Granada de España. Y los otros tres en partidos benéficos en Italia", repasa Lalo. Por su parte, Hugo susurra convencido: "Si jugábamos los tres juntos en un equipo hubiera sido afano, je", infla el pecho el Turco. La casa de Doña Tota recibe un peloteo de historias. "Yo era alcanzapelotas en Argentinos y cada partido en el que Diego hacía un gol, me venía a abrazar para festejarlo conmigo. Son cosas imborrables, como cuando en Barcelona, el día de la lesión en el tobillo, lo tuve que bañar porque no se podía mover del dolor", se la banca Lalo.

Barrilete cósmico, de qué planeta viniste, se preguntó Víctor Hugo al relatar el mejor gol de la historia. Ahora llega la hora de que el Turco se haga cargo de su consejo, ese reto que le hizo a Diego después de errar una jugada en Wembley. "Yo tenía 7 años y apenas Diego llegó al país le dije que debía haber amagado y dejar en el camino al arquero. Se ve que me hizo caso porque seis años después lo hizo en México", cuenta Hugo, que de chico siempre jugaba en contra del Diez porque su papá, Don Diego, quería que reforzara su temple. ¿Mundiales se escuchó? Otra vez sigue Lalo la palabra clave: "El día después de eliminar a Italia en el 90, Diego me dio la Ferrari para pasear con sus hijas por Trigoria. Yo aceleré un poco, se me fue de cola y me agarraron los policías, que querían secuestrar el auto y llevarme preso. ¡Mamita! Pelu armó una conferencia en la concentración y me vino a buscar con todos los jugadores". Antes, Diego le había regalado su primer auto, una increíble coupé Taunus roja con amarillo y negro. "Fue el regalo más lindo", se acelera a fondo Lalo.

Por momentos quisieran volver a ser nenes para revolcarse en el barro y seguir tirando chilenas hasta el anochecer en la quinta de Moreno. Pero evitar que pase el tiempo es una utopía que no puede conseguir ni un Maradona. Por eso ahora les gustaría trabajar juntos en el fútbol. Lalo tiene una escuelita. El Turco es técnico desde hace dos años del Puerto Rico Islanders, pero por trabajar con sus hermanos volvería a la Argentina y dejaría todo. "Dios quiera que podamos dirigir una Primera, Inferiores o un selectivo. Nos encantaría formar juveniles con mis hermanos. Vemos este deporte igual", cierran en una voz. Sería el sueño de los Maradona
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http://archivomaradona.8m.com/videosvarios.htm

MARADONA AUTOMOVILISTA. De su primer automóvil, un Taunus Coupé patente C978983 (VFG 797), no queda ni el recuerdo. Por sus manos, y por sus pies, pasaron Mercedes Benz, BMW, Ferrari, Porsche, Mini Cooper y hasta un camión Scania, con el que iba a los entrenamientos de Boca en Ezeiza. Fue copiloto de Gabriel Satanás Raies y hasta piloteó un helicóptero durante una estadía en Córdoba. "Me gustaría dedicarme al automovilismo", dijo. En Cuba tuvo el peor accidente automovilístico (quedó atrapado entre las chapas de su camioneta) pero sólo sufrió golpes y magullones. No descarta correr algún rally.

 

 

FICHA TÉCNICA

Informe: El Taunus de Dios

Redacción: Carlos (01)

Fecha: 01/12/2006

Edición: Carlos (01)

Investigación: Carlos (01)

Colaboración: Diego Armando Maradona

 

Fuente: Olé / Testimonio propio Diego Armando Maradona

 


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